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Zoroxxe Ecuador 2020
Zoroxxe

Escucha

Seleccionar cuerpos de trabajo jamás me ha resultado sencillo. Tiene que contener muchos hilos e historias entretejidas para hacer una tapestry del más alto nivel. Esto acompañado de un contexto artístico desde el cual está contada. Y, además de eso, el nivel musical dentro de la obra tiene que contener la cualidad del no tiempo. Puede sonar mucho a su era, pero a la vez debe ser música lo suficientemente profunda para seguir proponiendo entre más pasan los años. 

Es por eso que selecciono Zoroxxe, álbum debut de Zoroxxe, proyecto ambiental del ecuatoriano Daniel Lofredo, mejor conocido como Quixosis. ¿Por qué esta obra? Me atrevo a afirmar que es el álbum por el que me incliné a hacer música ambiental. 

Por un lado, la metodología de creación, entre una máquina de cinta, retroalimentando a un Octatrack y regresando a la cinta. Una especie de loop infinito de dos máquinas con capacidades impresionantes para moldear el sonido. La reproductora de cinta desde un mecanismo físico y tangible: de reproducción. Mientras que el Octatrack es un emblema actual del modelismo digital y la capacidad de trabajar y moldear cualquier sonido de cualquier naturaleza. Es en esta contraposición técnica de ambas obras que se logra un timbre que suena de un pasado desconocido y poco explorado, pero a la vez con matices tremendamente futuristas. 

Pero lo que realmente hace de esta obra un trascendental andino, y a mi juicio el mejor disco de ambient grabado en Latinoamérica, es su fuente: las cintas. El abuelo de Lofredo fue muchas cosas, entre ellas un acomulador impulsivo, casi enfermizo. Durante los años 60 operó discos Caife, emblema de la música ecuatoriana. En su discografía es posible encontrar boleros, cantos y cuerdas tradicionales del Valle de Chota, huaynos y hasta rock licenciado de otros países. Esta música mapea muy bien al Ecuador. 

Es su aproximación profundamente respetuosa, debido en parte por la familiaridad del objeto, la cinta, pero también por alguien que se detuvo a reflexionar acerca del acervo originario de su país. Después de haber atestiguado el crecimiento y malformación del downtempo y la cumbia digital en la década del 2010, lo sentí como el desenlace de todo esto. El sonido pródigo expropiado de sus orígenes para contentar a masas turistas.

Fue en 2020 que salió este disco y apenas lo oí, sentí un ejercicio de reflexividad y una meditación sobre lo logrado desde Latinoamérica con el downtempo. Melancolía andina, super íntima pero a la vez oscura y profunda. Genera vértigo en algunos momentos y sublima a través de historias más viejas que mis abuelos. 

Y finalmente, fue por este disco qué me acerqué a comencé a trabajar con +ambien, en lo qué ha sido un viaje qué me ha cambiado musicalmente. Me sigue tocando el impacto de este cuerpo de trabajo.